[Archivo] Miguel Piñera: Mi madre le pidió a Sebastián que me cuidara

Frenético y alegre, el Negro Piñera ha hecho de su vida un eterno e intenso carrete. En el año 2001, a sus 46 años concedió una entrevista a Revista Vea donde cuenta cómo era la vida que llevaba una década antes que su hermano Sebastián llegara a la Presidencia del país.

“Papito, la juventud se lleva adentro. Yo me siento como de veintiuno” decía en ese entonces con su ancha sonrisa.

La entrevista a la revista VEA se realizó en el departamento que en ese entonces tenía Miguel Piñera en el Barrio Suecia, cuando aún era bohemio. Ahí, desde el décimo piso y con una vista panorámica al Cerro San Cristóbal y el Río Mapocho, el Negro podía ver varios de sus locales nocturnos.

En el año 1969, el Papurri vivía en Nueva York con su padre, el diplomático José Piñera Carvallo, quien era el embajador de Chile ante las Naciones Unidas. Con apenas 15 años, Miguel se arrancó con unos amigos y viajó tres horas para presenciar el mítico recital de Woodstock. Aquella fiesta de paz y amor lo deslumbró, y el rock de Jimi Hendrix y Carlos Santana iluminaron su vocación musical. “Esa experiencia me marcó como persona. Sin duda, mi vida es antes y después de Woodstock” declaró a la Revista Vea.

El llamado Gurú del Opus Night asegura en la entrevista tener un lado sensible y melancólico. Sobre todo cuando se acuerda de su madre, Magdalena Echenique, fallecida en 2001.

El Negro estaba recién retomando su relación con la modelo Carla Ochoa, y tenía éxito con sus pubs “El Confesionario” y “Entre Diosas”, lugar donde festejó el cumpleaños número 20 de la blonda mujer.

A continuación una selección del ejercicio de preguntas y respuestas que realizó el periodista Álvaro Ortiz en la Revista Vea de abril de 2001.

¿Cómo fue ese receso para usted?
-Muy bueno, ¡lo pasé “chancho”, compadre! Le aconsejo a otras parejas que, en los veranos, se den un espacio. Si se está todo el año juntos, uno encima del otro, como que hace bien darse un descanso. La Carlita también lo pasó bien, se fue a Estados Unidos y salió con amigos. Por mi parte también salí con mis amigos… y amigas.

¿La decisión de darse un permiso fue mutua?
-Sí, los dos lo necesitábamos. Entre tanto viaje y momentos compartidos llegó un instante en que nos dimos cuenta de que estábamos todo el día juntos. De repente, ella se sintió ahogada, yo también me sentí presionado.

¿Perdieron el contacto?
-¡Nunca!, siempre hablábamos por teléfono. Incluso a veces nos juntábamos y teníamos nuestros encuentros locos (ríe a carcajadas).

¿Cómo mantiene la vitalidad de un adolescente a los cuarenta y seis años?
-Compadre, la juventud se lleva por dentro… ¿estamos de acuerdo? Todavía me siento como de veintiuno. Gracias a Dios, tengo buen estado físico, aunque estoy un poco gordito. Pero juego tenis y fútbol, ando en moto, voy a esquiar. Gracias a Dios, la salud me ha acompañado, hasta el momento nunca he estado en una clínica. (Hasta el 2016 estuvo más de una vez internado, por causas muy dudosas).

¿Enamorado de la bohemia?
-Sí, y muy fiel. Pero la bohemia no es sólo “carrete”, porque también yo trabajo en la noche y entretengo al público en mis locales. Acá en Suecia tenemos el Clan Sinatra, que lo componemos Miguelo, Leo Caprile, Charola Pizarro, Keko Yunge y Daniel Guerrero. Lo pasamos muy bien, sanamente.

¿Cómo están sus locales a lo largo de Chile?
-Muy bien, tenemos Entre Negros en Antofagasta, La Serena, Santiago y Temuco. No me puedo quejar, los locales siempre tienen público.

¿Cuáles son sus nuevos negocios en la noche santiaguina?
-Acabamos de inaugurar El Confesionario, con el Leo Caprile. Allí puede llegar la gente a confesar sus alegrías y sus penas… monseñor Piñera y monseñor Caprile atenderán gustosos a sus feligreses (ríe). También estrenaremos un gran centro de eventos en Vitacura, con capacidad para dos mil personas. Me encantaría asociarme con toda la gente buena onda de Santiago y tener boliches para pasarlo bien por todo Chile.

¿Por qué tanto afán por trabajar en la noche e inaugurar locales?
-Porque me gusta la bohemia, y me encanta emprender desafíos. Hay mucho esfuerzo y dedicación en mis negocios, pero también me realizo en mi vocación musical. Me fascina cantar y entretener al público.

¿Alguna vez pensó en trabajar como el común de la gente, en una oficina y con horarios que cumplir
-¡No, jamás! Tengo un espíritu demasiado libre. Sí recuerdo que cuando chico quería ser futbolista, era bien bueno para la pelota, como centrodelantero. Pero la música siempre fue mi vocación.

¿Qué tan importante fue el Festival de Woodstock en su adolescencia?
-Trascendental, compadre, así de simple. Corría el año sesenta y nueve, cuando mi padre era embajador en las Naciones Unidas. Vivíamos en Nueva York y estaba en el colegio. Hice la cimarra y me arranqué con unos amigos al Festival de Woodstock. Viajamos tres horas para estar allí: me tocó ver en vivo a Jimi Hendrix, Santana, Joe Cocker y Janis Joplin. Entonces, me di cuenta de que la música era mi camino, la gran pasión de mi vida.

¿A qué hora comienza y termina el día para el “Negro” Piñera?
-Me despierto tipín dos de la tarde y me acuesto a las cinco de la mañana. Durante la tarde voy al gimnasio o ando en moto, en la noche comienza mi rutina habitual.

¿Cómo ha llevado la reciente muerte de su madre?
-Sin palabras, compadre; todavía no me repongo de su partida y creo que nunca la superaré. Mi viejita querida era una persona muy especial. Antes de morir dejó una carta para cada uno de sus hijos.

¿Qué decía la carta para usted?
-“Mijito querido, quiero que en mi funeral se presente impecable. Quiero que se ponga corbatita, camisa blanca, que se bañe; muy decentito y peinado a la gomina. Además, quiero que me cante ‘Gracias a la vida’ junto a su prima Cecilia Echenique. Como sé que eres distraído, aquí te escribo la letra de la canción”. Además, le pidió a Sebastián que me cuidara. El es más que mi hermano, es como mi padrino. Sé que si algún día tengo problemas económicos o sentimentales, él estará conmigo para ayudarme. En todo caso, nos cuidamos mutuamente. Cada vez que miro a la Virgen desde mi balcón me acuerdo de mi mamita querida. Ella quiso que sus cenizas se esparcieran en la cumbre del San Cristóbal.

Toma un respiro y continúa:
-El día que llevamos sus cenizas al cerro había como mil scouts. Nosotros llevábamos el cofre con cenizas muy apenados, cuando de repente todos los cabros chicos se me tiraron encima para pedirme un autógrafo. ¡Imagínate la media cagaita, compadre! Pero bueno, así es la vida.

La opinión pública lo percibe como la oveja negra o descarriada del clan Piñera. ¿Se siente así?
-Yo tomé una opción diferente de vida. Mis hermanos y parientes son felices trabajando de Opus Dei y yo soy feliz trabajando como Opus Night (ríe). Ellos viven de día y yo de noche; lo importante es realizarse, papito.

Recuperado de Revista Vea

Be the first to comment on "[Archivo] Miguel Piñera: Mi madre le pidió a Sebastián que me cuidara"

Leave a comment

Your email address will not be published.


*